Borracheras no

borracherasno

“… Debemos saber vivir con un mínimo de cosas, para desarrollarnos como seres con un máximo de cualidades y capacidades, espirituales y materiales, de tal modo que, desde la autonomía y fortaleza así construidas, podamos librar una lucha de aniquilación contra el actual orden político y económico. En esa renuncia, en ese abstenerse y decir no, está la esencia de la libertad verdadera en los tiempos que corren…”

PRESENTACIÓN:
Desde hace muchos años he venido observando, con una mezcla de impotencia y desesperación, el ascenso en flecha del alcoholismo. Incluso he publicado algunos artículos desaprobando este hecho, los cuales fueron acogidos, dejando a un lado escasas excepciones, con total indiferencia, cuando no con latente irritación y hostilidad, por quienes se supone que más deberían hacer por resistir y reprobar el vicio de la bebida, aquellos que, verbalmente al menos, se declaran a favor de una transformación radical del orden social.

Ello me hizo comprender que el progresismo y el izquierdismo no están en contra del alcoholismo porque no están a favor de la revolución, de la recuperación de la esencia concreta humana no de la construcción de un estilo de vida moral y civilizada. So sórdida política de mantener el orden actual, pero perfeccionándolo más y más, les lleva a promover de facto el consumo de drogas y a fomentar de muchas maneras, directas e indirectas, el abuso de la bebida.

Dichas corrientes políticas son, por decirlo claramente, junto con el franquismo, la causa principal inmediata de la alcoholización, y drogadicción de las masas. Entre las tres nos han convertido en un país de beodos, en los años 1965-85, y todo lo que ha venido después es mera evolución a peor de lo entonces estatuido.

El texto que sigue evita las simplificaciones y trata el problema en toda su colosal complejidad, sin dejarse llevar a concepciones bobamente optimistas, tan del gusto de cierto “radicalismo” que cree que cualquier mal tiene remedio, dado que nos espera un final feliz y radiante allá en la culminación de la historia. Pero quizá la desintegración en desarrollo de la sociedad actual por causa, entre otras, del alcohol y las drogas, las “ilegales” tanto como las legales (en primer lugar los psicofármacos con los que la sanidad “pública” atiborra a su desventurado público, en particular a las mujeres), no tenga ya solución, de manera que éste es una asunto en que el único enfoque realista es la lucha sin final, el esfuerzo permanente, la dedicación ilimitada.

La verdad es siempre muy enmarañada, además de dura y terrible, y ha de referirse a diversos factores, con exclusión del monismo y el simplismo. Por tanto, junto a las causas políticas y sociales de las toxicomanías están las existenciales y las que afectan a la construcción por sí mismo del sujeto en tanto que ser humano. Para tratarlas como conjunto interrelacionado, una revolución política es tan necesaria e imprescindible como insuficiente y limitada, de modo que estamos obligados a pensar con un grado de complejidad muy elevada, negándonos a nosotros mismos el consuelo del optimismo, que no es más, en general, que un narcótico intelectual.

Finalmente debo agradecer a las amigas y amigos del movimiento Straight Edge el cariño y comprensión con las que han acogido mis modestas aportaciones, así como que me hayan proporcionado una oportunidad de exponer ideas, emociones e incluso pequeñas vivencias que desde hace mucho tiempo deseaba compartir.

Félix Rodrigo Mora.

Número de páginas: 84
Edición: 2010
Precio: 3 euros

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