CATALUÑA. DOS MOMENTOS

En la complicada coyuntura que atraviesa Cataluña conviene ir aportando datos y elementos de juicio.

                         Primer Momento: Consell obert en 1937

            “La Segona República i la guerra civil a Mollet del Vallès”, de M. Àngels Suárez i González (Barcelona 2000), un trabajo sobre historia local bien construido, cuenta que tras la derrota en casi toda Cataluña de la rebelión militar fascista en julio de 1936 se van constituyendo en barrios y pueblos los Comités, órganos de poder de los partidos y sindicatos agrupados en el Front d’Esquerres (nombre que toma en buena parte de los Países Catalanes el Frente Popular). En Mollet del Vallès se forma un consistorio municipal  con 22 consejerías, mayoritariamente de ERC y CNT-FAI.

            Hasta aquí nada de interés. Los partidos y sindicatos de izquierda se hicieron nuevo poder, ajeno al pueblo, que era al mismo tiempo poder político, sustentado en la capacidad coercitiva que les otorgaban los grupos armados constituidos en su seno, y poder económico, pues dirigían la vida económica de cada localidad. Fueron el nuevo Estado y el nuevo capitalismo de Estado (a veces con presencia del capitalismo privado) que sustituyó al viejo Estado español y al viejo capitalismo. Con ello la revolución popular espontanea de las primeras semanas posteriores a los días 19-20 de julio termina en un fiasco…

            Pero el vecindario de Mollet no admite sumisamente a los nuevos gobernantes, provenientes de la oligarquía partitocrática de la izquierda y el sindicalismo. Hay resistencia, hay críticas. No quieren que un grupito de 22 personas, que ni siquiera responde ante el vecindario sino ante las jefaturas de sus respectivos partidos o sindicatos y ante la reconstituida Generalitat mande sobre ellos. La situación va haciéndose tensa hasta que en julio de 1937 el mismo ayuntamiento se ve forzado a admitir lo que el vecindario le estaba demandando, pasar a funcionar en “règim de Consell Obert” (“régimen de Concejo Abierto”), que se reuniría el primer y tercer jueves de cada mes. Tal orden político se mantuvo, al parecer, hasta la entrada del ejército franquista en Mollet, el 27-1-1939.

            Ciertamente, dicho consell obert no fue una asamblea/red local de asambleas soberanas sino más bien un apéndice de los jefes políticos y sindicales que se habían apoderado de Mollet, una caja de resonancia de la institución municipal. Pero, con todo, significó un retorno, aunque sólo fuese bastante parcial, a lo más puro de la historia política de la Cataluña popular.

            En efecto, a las puertas mismas de Barcelona, y no en algún remoto lugar del Pirineo, el vecindario escoge e impone autogobernarse con procedimientos asamblearios y, además, denomina a ese sistema, democrático y revolucionario al mismo tiempo, con la expresión tradicional: Consell Obert, recuperando usos milenarios.

            ¿Milenario? Si. Más allá de las falsificaciones de la historia hechas por la burguesía nacionalista catalana y el Estado español, ambos coincidentes en la tarea de hurtar al pueblo catalán su pasado, está la realidad del régimen asambleario tradicional catalán, estudiado por Font Rius, Orduña Rebollo y varios eruditos más. Por ejemplo, en el Berguedà está la maravillosa iglesia de Sant Quirze de Pedret, siglos IX y X, que tiene un banco corrido de piedra en su interior, como tantas otras de aquellos siglos, porque era utilizada también para realizar encuentros y asambleas populares. Ahí está una prueba.

            Cuando los vecinos de Mollet del Vallès rechazan la dictadura partitocrática en 1937 y exigen se retorne al sistema asambleario de participación y toma de decisiones propio de Cataluña, están avanzando en una doble dirección, hacia el pasado y hacia el futuro, que ha de ser libre, autodeterminado y asambleario. Con ello unieron tradición y revolución, para crear una Cataluña soberana que sea fiel a sus raíces. Aquello se malogró finalmente, es cierto, pero permanece como lección viva de la historia catalana.

            Hoy, por el contrario, quienes discursean sin tegua sobre “independencia” son parlamentaristas y partitocráticos, repudiando el régimen de consell obert, lo que significa que se proponen imponer una nueva forma de dictadura política al pueblo catalán, justamente la suya, la de los partidos “independentistas” convertidos en nueva oligarquía.

                        Segundo Momento: el gran capital “catalán” es español

            La gran patronal “catalana” ha hablado: no apoyará el supuesto proyecto para recuperar la soberanía nacional catalana que llevan adelante CiU, ERC y otros. El gran capital “catalán” está por “la unidad de España”. Ya lo dijeron los empresarios extranjeros que invierten en Cataluña y ahora lo repite la patronal “catalana”, con el presidente de La Caixa, I. Fainé, al frente. Se comprende que sea así pues por los procesos de concentración y globalización del capital hoy no existe un gran capital “catalán”. Por ejemplo, La Caixa logra casi el 65% de sus beneficios fuera de Cataluña. Hace mucho que todas las grandes patronales ibéricas se fusionaron entre sí, formando un capitalismo que es español porque se sustenta en un Estado, el español.

            Eso quiere decir que el necesario proceso de liberación nacional de Cataluña tiene que ser, por la lógica de las nuevas estructuras económicas, anticapitalista. Y la primera pregunta es ¿qué pintan en esto partidos que defienden el capitalismo con uñas y dientes, como CiU y ERC?

            El caso de ERC es el más llamativo. Practica un nacionalismo muy acalorado, declarándose “independentista” y al mismo tiempo resulta ser… partidario del capitalismo. Leyendo sus textos programáticos la naturaleza pro-capitalista de ERC es evidente, lo que está en oposición con su pretendido “independentismo”, dado que el gran capital “catalán” es español y se opone a cualquier proceso de liberación nacional, lo que hace que éste, si es serio, si no es demagogia, tiene que ser parte de una revolución anticapitalista.

Mientras exista el capitalismo Cataluña será obligada por él a ser una parte de los territorios sometidos al Estado español, a carecer de libertad y soberanía en tanto que comunidad humana diferenciada y singular, con lengua, historia, cultura y modos de ser propios. En consecuencia, quienes defienden el capitalismo, como es el caso de ERC, son “independentistas” de palabra pero defensores de la situación actual de hecho, o sea, de la opresión de Cataluña. Su espíritu burgués y pro-capitalista les impide ser independentistas sin comillas.

            La experiencia lo muestra: la liberación nacional de Cataluña sólo puede tener lugar en el marco de una revolución anticapitalista integral que, al desmantelar al capitalismo español y “catalán” cree las condiciones económicas y sociales mínimas para que el pueblo catalán sea soberano y se autodetermine en un régimen de autogobierno por asambleas.

            Quienes niegan que el proceso real de liberación de Cataluña exige una revolución integral anticapitalista es porque no quieren ver la realidad. No basta con ir a manifestaciones a gritar “independencia”, colgar esteladas en las ventanas, exigir una “consulta popular” y formar cadenas humanas: hay que considerar que únicamente un gran cambio revolucionario puede otorgar a Cataluña la libertad nacional.

            La farsa montada por la maquiavélica partitocracia de la Generalitat, sobre todo por CiU y ERC, para mejor servir a sus intereses y a los del Estado español con lo del referéndum de noviembre es una operación política dirigida contra el pueblo catalán, para destruir su capacidad de resistencia y lucha, al encaminarle a un estado de decepción, confusión y desmovilización como nunca antes ha sufrido. La vía a la “independencia” que ellos proponen no puede llevar a nada ni puede lograr nada.

            Al ocultar las imprescindibles condiciones económicas, sociales y políticas en que debe realizarse la liberación nacional de Cataluña, CiU y ERC  están engañando de una manera muy cruel al pueblo catalán, al proporcionarle la ilusión de una victoria fácil y cómoda que jamás tendrá lugar, de donde saldrá una decepción enorme, que ocasionarán una desmovilización gigantesca en cuanto el engaño sea evidente, pronto ya.

            Por tanto, hay que reforzar la explicación de que la pre-condición de la liberación nacional de Cataluña es una sociedad catalana liberada del capitalismo. Explicar esto es una muy urgente tarea hoy. A ella deberían sumarse quien se sienten independentistas, que han de hacerse, para serlo de manera consecuente, revolucionarios anticapitalistas y defensores de una Cataluña autogobernada en consell obert, que es el programa que proponemos los partidarios de la revolución integral. Quienes se fotografían con Más y Junqueras, aquéllos que rompen la íntima relación objetiva existente entre liberación nacional y revolución integral, aún están a tiempo de rectificar. Si no lo hace, si no presentan una autocrítica por haberse convertido en colaboradores del par CiU-ERC, se harán co-responsables de la maniobra en curso y tendrán que responder por ello en el futuro, dentro de poco en realidad.

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