¿Dónde se sitúa el conspiracionismo?

El poder no es un medio; es un fin en sí mismo.”

«En principio, el fin de la guerra es mantener a la sociedad al borde de la hambruna. La  guerra la hace el grupo dirigente contra sus propios sujetos y su objetivo no es la victoria, sino mantener la propia estructura social intacta.»

George Orwell

A raíz de la pandemia del coronavirus, montones de personas se han quitado la venda. Cierto es que cada uno a su manera. Pero podemos afirmar que es un fenómeno similar al ocurrido tras la crisis de 2008.

En esta ocasión no ha sido un “despertar” provocado por una crisis económica, aunque también. Más bien ha sido la respuesta lógica de una parte de la población ante una operación criminal orquestada por las élites.[1]

Mas cuando las personas comienzan a abrir los ojos y observar la realidad desde nuevas perspectivas, éstas encuentran a su disposición infinitas explicaciones acerca de cómo funciona el mundo. Entre otras las ofrecidas por el “conspiracionismo”.

Lo que se ha venido a llamar conspiracionismo es un conjunto de teorías y explicaciones alternativas de multitud de cosas. Esto es, versiones opuestas o diferentes a las oficiales. Y, si bien es cierto que en éste se hallan críticas acertadas sobre el sistema vigente, éstas se mezclan con auténticas chaladuras.

Así mismo, puesto que es contraproducente caer debates absurdos o sencillamente superficiales, considero fundamental y urgente acometer un análisis de las minorías con poder que todos sufrimos. De tal forma que los “conspiranoicos” y el resto de personas del pueblo podamos discernir con claridad el enemigo a batir.

En cambio, es inútil quedarse en la crítica inocua e inofensiva. También tenemos que proponer y llevar a cabo prácticas revolucionarias a fin de transformar la sociedad. De lo contrario, por medio de nuestra pasividad y conformismo, nos convertimos en cómplices del poder.

A continuación voy a tratar cinco aspectos esenciales a la hora de comprender el poder, nuestro enemigo.

1. La voluntad de poder, dominar a otros y hacer el mal en beneficio propio es intrínseco al ser humano. Igual que la voluntad de amar y hacer el bien. No necesitamos explicaciones misteriosas ni enrevesadas. Debido a nuestro libre albedrío, todos podemos actuar de acuerdo a unos valores humanos universales, o no.

En la historia conocida se puede observar una tendencia a crear estructuras jerárquicas de dominación, o sea, Estados. En todos los milenios y continentes; Mayas, Mongoles, Imperio Romano, Fenicios, Imperio del Japón, Incas, Babilonia, Imperio Han, Al-Ándalus, Imperio Jemer, Imperio Wattara, Vikingos, Comanches, Imperio Oyo, etc. y, por supuesto, los Estados actuales, unos 200.

Sin embargo, también existieron pueblos que vivieron en libertad a través de formas de autogobierno verdaderamente democráticas, con respeto y amor entre iguales. En estos especialmente debemos focalizar nuestra atención e inspirarnos; a pesar de que muchos lo ocultan y otros no lo quieren ver. Verbigracia: Vascones, Esenios, Catalanes,[2] Celtíberos, Navarros, cristianos primitivos, Castellanos, algunos colonos norteamericanos, etc.[3]

2. Las élites de todos los Estados tienen actitudes sádicas, pues éstas consisten en el disfrute de sojuzgar y machacar al prójimo. Sadismo y poder son sinónimos.[4]

La esencia del Estado es la coerción por medio de la ley y el monopolio de la fuerza, la explotación a través de los tributos y la propaganda. Es decir, la violencia, el robo y el engaño.

Hoy día, como en el pasado, los poderhabientes llevan a cabo rituales sádicos. Estos siempre han tenido diversas funciones: cohesionar el grupo de los “elegidos”, afianzar alianzas entre ellos, celebrar sus fechorías, demostrar su poder y superioridad ante los enemigos y los súbditos, etc.

Los Estados arriba citados, y la mayoría de sus élites, han cometido, y cometen, violación, asesinato, infanticidio, secuestro, tortura, genocidio, pederastia, sacrificios animales y humanos, etc.

Algunos ejemplos bien conocidos en la actualidad son el imperialismo islámico, las élites-mafias de Centro y Sudamérica o las élites occidentales (en ocasiones a través de rituales satánicos y demás teatralizaciones infantiloides).

3. Los poderosos siglo tras siglo han necesitado estructuras e instrumentos de dominación.

En primer lugar los ejércitos, los cuales, junto a las diversas policías, imponen la voluntad de una minoría sobre el pueblo. Son imprescindibles para el poder. Sin estos carecen de capacidad de actuación ni salvaguarda.

De hecho siempre han sido la parte constitutiva del poder. Las élites han sido ante todo élites con cargos militares: reyes, emperadores, sultanes, generales, nobles, jefes tribales, califas, condes, cónsules, faraones, marqueses, etc.

La comprensión de esta realidad es esencial.

En nuestra época el poder se ha expandido y diversificado, aunque su esencia no ha variado. Y esto se aplica tanto a Estados monárquicos como republicanos. Lo militar se ha ocultado a la población a fin de hacerles creer la mentira constitucional, parlamentaria y partitocrática. Si bien sabemos de Estados que no lo ocultan en absoluto, como China, Ruanda, Venezuela, Chad, Irán, Tailandia, Kazajistán, Egipto, Uzbekistán, Libia, Sudán del Sur, Arabia Saudí, Corea del Norte, etc.

El Pentágono, al frente de las Fuerzas armadas yanquis, es la mayor institución del mundo, con unos 3 millones de personas bien educadas y entrenadas a su servicio, y un presupuesto anual de más de 2.000.000.000.000 dólares americanos. Detrás se encuentra el Ejército Popular de Liberación Chino, con más de 2 millones de personas a su servicio igual de bien educadas y entrenadas, y un presupuesto anual de más de 1.500.000.000.000 dólares americanos.

Asimismo importantes son el aparato tributario y el jurídico-legislativo. El Estado, raíz del mal, como explicaba Salviano de Marsella ya en el siglo V, se alimenta del expolio al pueblo.[5]

Empero, también necesita un marco legislativo, un derecho positivo, que imponga su despotismo y un sistema judicial que cubra sus fechorías.

Al igual que ocurría en tiempos pretéritos, aunque ahora en un escala superlativa, los Estados se han vuelto hipertróficos. Su tendencia imparable de aumentar su poder les lleva a desempeñar cada vez más funciones, las cuales con anterioridad las realizaba la gente, con el fin de expandir su control sobre la sociedad.

Verbigracia la disfuncionalidad del aparato “educativo”, el cual hasta hace poco trababa de amaestrar y adoctrinar a los jóvenes, desde los 6 meses hasta casi los 30. Ahora simplemente les destruye. La universidad merece una mención aparte, pues también habría que criticarla como medio fundamental de propaganda ideológica.

Ídem el aparato sanitario, cuya función principal nunca ha sido curar ni mejorar la salud de las personas. Más bien controlar, enfermar y matar.[6]

Otra novedad de los Estados hodiernos es el fenómeno de la mundialización. A partir de comienzos del siglo XX los Estados, en concreto los más poderosos, han ido generando multitud de organizaciones internacionales. Sin embargo, es la misma idiosincrasia imperialista y colonizadora de siempre. Desde los fenicios hasta el siglo XIX existió el colonialismo, ahora el neocolonialismo. A diestro y siniestro se han creado programas, congresos, estrategias y agencias gubernamentales de “ayuda”, “ONGs”, fundaciones estatales y privadas, etc.

Lo mismo que algunas instituciones internacionales, a fin de agrupar intereses y, en ocasiones, implementar programas y actuaciones conjuntas; como el caso del coronavirus. Todas ellas bajo el paraguas estatal de los ejércitos, los ministerios de exterior y defensa, y las agencias de inteligencia.

4. Son imprescindibles las estructuras y mecanismos de propaganda y manipulación.

Como es obvio, los de arriba precisan justificar su posición de poder, a la vez que ocultar los aspectos más denigrantes y repulsivos que provocan el sistema que imponen.

En el pasado las religiones ejercían el meollo de esta decisiva labor, llegando a convertirse en una parte fundamental del Estado. Ahora esto ha cambiado, la ciencia es la nueva religión y los científicos/expertos son los nuevos sacerdotes.

Pero sin duda en nuestros días los principales encargados de estas funciones son las agencias estatales de inteligencia. Son los que tienen el mayor número de personas capacitadas para dicha tarea y los mayores presupuestos. Al mismo tiempo que poseen las herramientas legales, políticas, diplomáticas, tecnológicas y bélicas necesarias. Lo que deciden los ejércitos, los altos funcionarios y estas agencias es lo que saldrá por la boca de políticos, “expertos”, activistas y artistas subvencionados, profesores, doctores, presentadores de televisión, radio, etc.

Dichas agencias, entre otras labores, realizan control de información, recopilación de datos, espionaje, operaciones de desinformación, contrainsurgencia (persecución, acoso, secuestro, asesinato, etc.), guerra cibernética, etc. Los más importantes que operan en España son el CNI, y  los servicios de inteligencia del Ejército y la Guardia civil.[7]

El resto son bien conocidos. Los medios de “información” escrita, de radio, internet, la televisión, etc.[8] Igual de importantes son la universidad, los intelectuales, artistas, científicos, escritores y demás propagandistas.

5. Otro tipo de instrumentos que han necesitado los poderhabientes han sido las estructuras económicas.

Al respecto, lo cardinal es el sistema recaudatorio. El sustento del resto de estructuras básicas del Estado, véase el ejército, policía, sistema propagandístico, sistema judicial, etc. se realiza a través de la extracción de tributos al pueblo.

Carecen de sentido las teorías conspiranoicas que centran su crítica únicamente en el sistema financiero, o en una parte de las élites económicas, o, para más inri, solo en ciertos magnates como Bill Gates, Soros, los Rockefeller, etc.

En realidad todas las estructuras económicas están constituidas con el objetivo de mantener y aumentar el poder de los de arriba. El modelo y la tenencia de propiedad, el sistema tributario, el productivo, el comercial y, por ende, el financiero.

Por tanto, aquellos que acumulan grandes fortunas lo hacen gracias al entramado económico estatal; del que dependen totalmente. Como es lógico, no existiría una desigualdad económica tan grande sin la protección de las fuerzas de seguridad que gozan los ricos. Es más, han acumulado sus fortunas gracias a la iniciativa del Estado.[9]

Así mismo, de manera similar a la esclavitud antigua, tanto el capitalismo de Estado como el privado trituran a las personas: anulan la libertad y voluntad de los trabajadores, los idiotizan con tareas simples y repetitivas, extraen al máximo su energía vital, les amaestran en la obediencia y sumisión, etc. Esta devastadora situación acaba por ocasionar a los trabajadores diversas enfermedades físicas y psicológicas, incluso el suicidio. [10]

Conclusión

Tras haber expuesto someramente los atributos principales del poder, espero que tengamos más claro quiénes son nuestros enemigos.

Se puede divagar sobre si este o aquel grupo tiene más influencia, o sobre si esta o aquella persona la tiene; pero debemos tener absolutamente claro que: hay que erradicar el conjunto.

El conspiracionismo debe situarse junto al pueblo, frente a todas las élites de poder. Combatir de facto en primer lugar al Estado, en todas sus expresiones.

Además, la mayoría de personas comprenden que vivimos tiempos críticos, y que no harán sino empeorar. En consecuencia todo el mundo tiene que mojarse. Cada persona, colectivo o agente social debe manifestar su posicionamiento.

Es de sentido común que si las minorías mandantes por fin desaparecen, habrá quien quiera ocupar su lugar privilegiado. Luego se torna obligatorio exponer la estrategia y propuestas de cada uno. No ha de haber lugar a equívocos. Hay que separar el grano de la paja.

A nivel individual del que escribe, y como equipo de redacción Amor y falcata, apostamos por una transformación integral. Por construir una sociedad como las de nuestros antepasados, o más bien una inspirada en sus aspectos positivos. Una sociedad libre, asamblearia, comunal, ética, con derecho consuetudinario y armamento general del pueblo.

Solo pueblo.

José F.E. Maenza

 Colectivo Amor y Falcata

www.amoryfalcata.com

amoryfalcata@riseup.net

[1] Hace unos meses expliqué esto en el texto La política mundial y el coronavirus. Ante el declive económico imparable, el cual comenzó en 2008, la degradación por sobreopresión del sujeto medio y de la sociedad en su conjunto, la destrucción ecológica y de los suelos agrícolas, el desmoronamiento de la salud física y mental, el agotamiento de los recursos minerales y energéticos, y, sobre todo, el colapso demográfico, las élites mundiales necesitaban realizar una intervención política; en realidad ha sido total: política, económica, ideológica, policial, adoctrinadora, sanitaria, tecnológica, etc. Para profundizar en este asunto clave, véase Sé el mejor médico de ti mismo. Yatrogenia, coronavirus y pandemiasAutoaniquilación. El hundimiento de las sociedades de la última modernidad ambos de Félix Rodrigo Mora.

[2] Realidad demostrada gracias en especial al completo estudio de David Algarra Bascón en El común catalán. La historia de los que no salen en la historia.

[3] El otro día paseando por la ciudad de Cuenca pude contemplar la incomparable belleza de la arquitectura popular tradicional. En particular, en el barrio de San Martín, se encuentran los Rascacielos de Cuenca, mil veces más bonitos que los modernos. Estos fueron obra de la gente común, y en la Edad Media fueron los edificios más altos de toda Europa, con hasta 11 plantas. Y ahí siguen en perfecto estado tras más de 500 años desde su construcción. Sin duda tenemos que volver a recuperar la esencia, virtudes y valores positivos de nuestros antepasados.

[4] Al respecto se ha escrito mucho. No obstante, la mejor obra es la recientemente publicada por Antonio Hidalgo Diego El Minotauro de Alcassér. Crimen sádico, voluntad de poder y feminismo de Estado. Ante todo nos presenta un análisis actualizado, profundo y multidimensional. Dichos rituales han estado encuadrados dentro de religiones, filosofías, mitologías, simbolismos, doctrinas, etc. mediante las cuales dichas minorías justifican sus propósitos y les distancia de la “plebe”.

[5] Así lo atestigua el monje refiriéndose al Imperio romano de su época, Estado mitad germánico para entonces: “El enemigo es mejor que el recaudador de impuestos”. Recogido de su obra principal Sobre el gobierno de Dios, traducida al castellano por un servidor. En ésta se puede encontrar la defensa de una cosmovisión opuesta a la de los poderosos. De ahí que apoyara la revolución bagauda, germen de la revolución altomedieval que daría lugar a la formación de los diversos pueblos peninsulares.

[6] Para una buena crítica del sistema sanitario y del educativo se recomienda la obra de Iván Ilich. En cuanto al educativo, también la obra de John Taylor Gatto, en especial su libro Historia secreta del sistema educativo. Para el sanitario: Iatrogenia: La medicina de la Bestia: Origen de las enfermedades raras de Enrique Costa Vercher y La mafia médica de Guylaine Lanctôt.

[7] Por desgracia para nosotros, el Estado se ha encargado de ocultar todo lo relacionado con estas agencias; de modo que lo que sabemos a cerca de sus actividades es muy poco. Se ofrecen algunos datos en Las alcantarillas del poder de Fernando Rueda y en La CIA en España de Alfredo Grimaldos.

[8] Un aceptable estudio al respecto es Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo de Pascual Serrano.

[9] Así queda reflejado con precisión en El Estado emprendedor. Mitos del sector público frente al privado, de Mariana Mazzucato. También lo vemos claramente al estudiar el origen del Capitalismo, junto a la Revolución industrial. Ambos fueron creados e impulsados por el Estado británico en su afán de crear un Imperio mundial.

[10] Algunas de estas terribles circunstancias las analiza en profundidad Jeffrey Pfeffer en Dying for a paycheck: How Modern Management Harms Employee Health and Company Performance–And What We Can Do about It.

Esta entrada fue publicada en Artículos y colaboraciones. Guarda el enlace permanente.