EFECTOS ECONÓMICOS DE LA PERSECUCIÓN INSTITUCIONAL, POLICIAL Y FASCISTA, CONTRA MÍ

Félix Rodrigo Mora

La persistente represión que las instituciones estatales, los departamentos anti-conflicto de la gran patronal y las jaurías fascistas por ambos financiadas[1] (en particular la jauría feminazi, la jauría anarcofascista y la jauría parapolicial de Unidas Podemos, por citar a las tres más agresivas aunque hay otras), mantienen desde hace años contra mis ideas e ideales así como contra mi persona tiene efectos diversos. Uno es el económico.

En efecto, desde hace 9 años vengo padeciendo agresiones y ataques continuados, de variada naturaleza, que van desde campañas de descrédito hasta intentos de acometimiento físico, pasando por las inevitables amenazas y las “críticas” que no son tales sino mera difamación con fines de aniquilación personal[2]. Una expresión de ello, entre otras, es que en internet se mantiene artificialmente en primeros lugares panfletos intoxicadores contra mí, desde hace años. Sabemos que eso sólo es posible por la acción de empresas especializadas. Pero, ¿quién financia tan inmundas actividades?

[1] De siempre, los aparatos represivos del Estado, procuran tener a su servicio a personal civil, como confidentes y chivatos, como agitadores y provocadores y también como agresores y matones. Hoy el CNI, la guardia civil y el departamento de contrainsurgencia del ejército español se sirven de feminazis, anarcofascistas y podemitas, a los que financian, dirigen y lanzan contra los objetivos que se marcan en cada periodo. De ese modo, aquéllos no aparecen directamente involucrados en actos de fuerza y agresiones callejeras, con lo que evitan manchar su imagen. Periódicamente cambian de camorristas y matones, unas veces de derechas y otras de izquierda, en una época ultramachistas y otra ultrafeministas. Pero siempre son agentes financiados por las cloacas policiales y militares del Estado. Tales bandas, o jaurías, operan coordinadamente con el aparato de propaganda y los partidos políticos. Su núcleo hoy lo forma el conjunto CNI-guardia civil-diario El País-La Sexta-feminazis-Podemos. En particular, éste último es la nueva policía política del régimen capitalista y estatal actual, la nueva Brigada Político-Social. El podemita medio es un policía, con mentalidad de policía y hábitos de policía, ellas más que ellos. Por tanto, un/una fascista institucionalizado/a. Por eso el Estado les dona chalés, cargos, dinero, negocios, presencia continúa en los medios, etc. Si en el pasado fue la Falange la que sirvió al orden constituido con una mezcla de demagogia “anticapitalista” y violencia antipopular, ahora esa función la cumple Podemos.

[2]  La libertad de crítica es sagrada e inviolable, y yo la defiendo también, y sobre todo, cuando son mis ideas y actos lo tomados por blanco. Nunca he lamentado ni menos aún denunciado ser denostado, y nunca lo haré, pues sería ir contra la libertad de expresión. Difiero radicalmente de las corporaciones neo-fascistas que consideran que toda crítica hacia ellas es intolerable, pues imaginan, al parecer, que se encuentran más allá de toda discrepancia (¿quizá porque creen ser parte de La Esencia Divina y estar por encima de los simples mortales, como lo creía Franco?). Su sinrazón reside en suponer que ante sus integrantes no hay más opción que aplaudir y asentir, permaneciendo genuflexos, llenos de temor y temblor. Tal es la mentalidad de gays, lesbianas, feminazis (las feminazis son, simplemente, nazis), marxistas-fascista y otros. Su doctrina acerca de las “fobias”, sobre que quienes disienten de ellos son “fóbicos”, esto es, locos y enfermos que necesitan ser internados en un hospital, pero no personas normales que ejercen su libertad para disentir, está copiada de lo que hizo el régimen fascista de la Unión Soviética, cuando internaba a los disidentes políticos y sociales de Rusia en clínicas psiquiátricas, que eran cárceles de exterminio. Eso desean hacer aquí y ahora aquellas corporaciones ultra-represivas, mega-intolerantes. Quien exige a los otros que se arrodillen ante él, renunciando a pensar por sí mismos, a apoyar o a discrepar por libre albedrío, es un malvado absoluto, un tirano y un dictador, que ha de ser puesto en su sitio por la revolución popular, cuya esencia es la realización de la libertad, la soberanía y la dignidad del individuo. Porque quien niega a otro la libertad de criticarle le niega su dignidad como persona. Y eso no, jamás. Eso es el fascismo peor y más tremendo.

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