Incorreción política frente al estado de alarma

Desde hace algún tiempo las redes dedican espacio a discutir de lo que ha sido denominado «corrección política» y su contrapartida «incorrecta». Bajo ese paraguas suelen resguardarse posturas políticas que contravienen el mainstream cultural de los identitarismos en boga. Si criticas el feminismo imperante, el animalismo, el veganismo, el gretismo (o ecologismo histriónico), etc. entonces puedes colocarte la etiqueta de «incorrecto» (o te la pueden colocar los demás) y así engrosar las tropas lideradas por influencers de éxito, abanderados de las nuevas corrientes.

A medida que ese «incorrectismo» se hace más popular, más ampliamente aceptado, se convierte en un movimiento. Una corriente donde militar ya es considerado cool porque te otorga un halo contestatario a un bajo precio, el de la desavenencia con los «correctistas». Esta discrepancia no es sino garantía de que se está en el camino acertado hacia la liberación de los corsés impuestos. Pero eso sí, bien respaldado por tu tribu, que lo contestatario no quita lo gregario

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