POR UNA REVOLUCIÓN INTEGRAL

Introducción al debate de la XXXIX Jornada asamblearia de la CIC –que tuvo lugar en Catalunya el sábado 16 de noviembre de 2013–, sobre las bases de la Revolución Integral, publicado ASSEMBLEA VINARÒS, el 6 de enero de 2014.

Lo peculiar de la condición humana es que se ubica entre lo sórdido y bestial y lo sublime y grandioso.”

                                                                                                          (Prado Esteban)

1) Historia: heteronomía o autonomía

Durante la historia conocida de la humanidad, podemos reconocer dos tradiciones o tendencias, en las formas de organizarnos y en la cultura y los sistemas de valores (o disvalores) que legitiman éstas y nos guían para encarar la vida, para construirnos como personas: la tradición de la heteronomía y la tradición de la autonomía.

 La tradición de la heteronomía la conforman todos aquellos sistemas de organización social que han establecido las desigualdades y las jerarquías entre la humanidad. Los Estados y las clases sociales: imperios, coronas, césares, faraones, führers…ejército, cuerpos represivos, cárceles…poseedores y desposeídos, ricos y pobres,  amos y siervos. El dinero y los sistemas monetarios de acumulación. Gobernantes y gobernados. Dictaduras oligárquicas que se autoproclaman “democracias” usando la falacia de la “representación”. Estados “de derecho”, “sociales” o “del bienestar”: despotismo ilustrado. Parlamentarismo, partitocracia y politiquería.

 Siempre unas minorías que concentran el poder de decisión y la capacidad de determinación de las condiciones y los asuntos que afectan a todos. Esta tradición es hegemónica hoy en día, con la mundialización de la “democracia representativa”, un perfeccionamiento del sistema de dominación que se ha puesto la máscara de “democrático”, como si en éste el poder se encontrara en manos del pueblo, cuando en realidad el poder ha seguido concentrándose cada vez en menos manos.

 Los disvalores y los idearios relacionados con esta tradición hacen prevalecer lo peor de las personas y de la potencialidad humana, potencialidad para el bien y para el mal. Se basan a menudo en la idea de que las personas somos lobos unas para otras, que “somos malas por naturaleza”, que lo normal es “la guerra de todos contra todos”, y sostienen así el conformismo con el statu quo, la docilidad y la sumisión ante los poderosos opresores, la complicidad con la injusticia. Y no son sólo los valores negativos, los que sostienen la heteronomía, sino también la falta de valores positivos, la apatía y la indiferencia, la ausencia de sentido ético de la existencia.

 Contrariamente, la tradición de la autonomía2 la conforman aquellos sistemas de organización social que han rechazado los fenómenos anteriormente mencionados, así como los intentos y esfuerzos para conseguir establecer estos sistemas, tantas veces aplastados por las clases privilegiadas y sus mercenarios. Así, han apostado por organizarse sin jerarquías, ni Estados, ni clases sociales, ni diferencias de privilegio entre minorías favorecidas y el resto, defendiendo que el poder de decisión se comparta entre todos los miembros de cada comunidad. Esto siempre se ha llevado a cabo mediante regímenes asamblearios y, por tanto, necesariamente enfocados en el ámbito local como base de poder soberano.

 Los valores e idearios relacionados con la tradición de la autonomía promueven lo mejor de las personas y la potencialidad humana. Se basan en las ideas e ideales de bien, libertad-igualdad, justicia, verdad-honestidad, fraternidad, equidad…y en el compromiso del individuo con estas para aportar al bien común. Este compromiso tiene que empujarnos a querer ir aprendiendo y mejorándonos a lo largo de la vida.

La historiografía oficial actual difunde la tradición heterónoma pero no la autónoma. Por ejemplo, ha habido una falsificación histórica de la Alta Edad Media, en la que el pueblo era una realidad social paralela a los poderes oligárquicos constituidos (como la Corona, el Estado premoderno, mucho más pequeño y débil que el actual, que fue creciendo y haciéndose fuerte), que organizaba su vida en pequeños municipios en base al concejo abierto y el comunal (tierras y medios económicos de “propiedad” y uso colectivo), la autodependencia económica local y comarcal, las formas de ayuda mutua y trabajo comunitario, la cosmovisión de la igualdad humana y los valores de comunidad, el trabajo no asalariado y la buena convivencia…

 Falsificaciones históricas como ésta son pilares fundamentales del sistema actual, que obtiene legitimidad a partir del mito de un pasado monstruoso y totalitario donde la gente era sumisa y mucho menos libre que ahora.

XXXIX-Jornada-asamblearia-CIC

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